Una oración antes de dormir funciona mejor cuando es corta, siempre la misma y dicha despacio. En los niños pequeños, el ritmo importa más que el significado: lo que les da seguridad es saber exactamente cómo termina el día. Aquí están las oraciones tradicionales que casi todos recordamos de nuestra infancia, oraciones cortas ordenadas por edades, y el salmo que la propia Biblia dedica a la hora de acostarse.
Las oraciones de siempre
Estas dos las conoce prácticamente cualquier familia hispanohablante, y hay una buena razón para empezar por ellas: riman. La rima es lo que permite que un niño de cuatro años se las aprenda sin proponérselo.
Cuatro esquinitas
Cuatro esquinitas tiene mi cama,
cuatro angelitos que me acompañan.
Dos a los pies, dos a la cabecera,
y la Virgen María que me consuela.
Amén.
Ángel de la Guarda
Ángel de la Guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día.
Amén.
En algunas casas se reza la versión larga del Ángel de la Guarda. Para un niño pequeño, estas cuatro líneas bastan y se aprenden en una semana.
Oraciones cortas por edades
De 1 a 3 años
Gracias, Dios, por [nombre]. Cuídalo esta noche. Amén.
De 3 a 5 años
Querido Dios, gracias por hoy. Gracias por mi familia y por mi casa. Quédate cerca de mí esta noche. Te quiero. Amén.
De 3 a 5 años · cuando hay miedo a la oscuridad
Dios, está oscuro, pero tú me ves. A ti la oscuridad no te da miedo y estás aquí, a mi lado. Ayúdame a cerrar los ojos. Amén.
De 6 a 12 años
Padre, gracias por lo bueno de hoy. Tú también viste lo que salió mal. Te lo dejo a ti para no cargarlo toda la noche. Ayúdame a dormir en paz. Amén.
Para completar entre los dos
Gracias, Dios, por ___________. Ayúdame con ___________. Sé que estás conmigo toda la noche. Amén.
El salmo de la hora de dormir
La Biblia tiene un versículo escrito exactamente para este momento:
«En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado.»Salmo 4:8 (Reina-Valera 1909)
Es corto y se puede decir entero en un respiro, que es justo lo que hace falta a las nueve de la noche. Con niños algo mayores vale la pena señalar la palabra solo: la paz no viene de que todo esté resuelto, sino de quién está cuidando.
Otros dos que funcionan bien de noche: el Salmo 23 («Jehová es mi pastor») para las preocupaciones grandes, y el Salmo 91 cuando hay miedo.
Cómo hacer que dure
- Siempre en el mismo momento. Después del cuento, con la luz baja. La costumbre puede más que las ganas.
- Corta de verdad. Veinte segundos. Una oración que dura más de lo que dura su atención le enseña que rezar es algo que hay que aguantar.
- Que oiga su nombre. Rezar por él en voz alta, con su nombre, es lo que le hace entender que la oración también lo incluye.
- Déjale una parte. Un hueco que él rellene — aunque diga tonterías la primera semana — le enseña que se puede hablar con Dios de cualquier cosa.
- No la uses como castigo. Si la oración se convierte en la última fase de una regañina, deja de ser un consuelo.
- Los días malos, rézala tú. En voz alta, con la mano en su espalda. Te está escuchando igual.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor oración para un niño antes de dormir?
La más corta que puedas repetir cada noche. Para los más pequeños, las cuatro esquinitas o el Ángel de la Guarda funcionan porque riman y se memorizan solas. A partir de los seis años suele ir mejor una oración con sus propias palabras: una cosa buena del día, una preocupación y las gracias.
¿A qué edad puede empezar a rezar un niño?
Puede repetir una oración corta desde los dos años, y decirla con sus propias palabras entre los tres y los cinco. Antes de eso, rezar tú en voz alta sobre él hace el mismo trabajo: lo que recibe es el tono y la rutina.
¿Cuánto debe durar la oración?
Unos veinte segundos con niños pequeños: tres o cuatro líneas. Con niños mayores puede alargarse un poco si es una conversación de verdad, pero corta siempre gana a larga.
¿Qué salmo se lee a los niños para dormir?
El Salmo 4:8 — «En paz me acostaré, y asimismo dormiré» — es el versículo que la Biblia dedica a la hora de acostarse. El Salmo 23 sirve para las preocupaciones grandes y el Salmo 91 para las noches de miedo.
¿Y si mi hijo no quiere rezar?
Reza tú por él, brevemente, y sigue adelante sin discutir. Casi siempre es una cuestión de control a la hora de acostarse, no de fe, y convertir la oración en una pelea cuesta mucho más que saltarse una noche.
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